lunes, 20 de octubre de 2014

ECA's: la mejor fuente de evidencia disponible? Una breve reflexión sobre uno de los principales dogmas de la MBE

Mis benditos ejemplos y yo... Pero que caray, siempre es una buena forma de plantear un ejercicio de análisis sobre un tema, pararse en otro -bien distinto- y mirar que se puede extrapolar, al menos en términos de lo teleológico.
Digamos que unos allegados lo invitan a un almuerzo campestre. Usted, médico, dama o caballero muy prestante, referente social, académico e intelectual, no puede aparecerse en bermudas, tenis blancos con media oscura y franela (lo que los rolos llamamos "esqueleto"). Pero, por no perder su distinción y elegancia habitual tampoco se va a ir de smoking (tuxedo, para mis seguidores anglopreferentes, bueno, si tengo alguno XD). Seguramente un pantalón de dril o un jean con unos zapatos cómodos y una camisa "de sport", como dicen las mamás, con una chaqueta de gamuza, lana ligera o pana a juego, será más que adecuado, cómodo y suficiente.

Por qué irse "de gala" entonces a un estudio para definir una asociación, o plantear hipótesis que puedan fundamentar nuevas investigaciones sobre preguntas clínicas del día a día?

La doctrina de la Medicina Basada en la Evidencia (MBE) se fundamenta en las duras críticas que hizo el Dr. Archibald Cochrane, durante las últimas dos décadas del siglo anterior, al escenario de tener que tomar sinnúmero de decisiones médicas sin apuntalarlas con un conocimiento científico suficientemente válido que las soportara. Sus anotaciones son el pilar filosófico para el desarrollo de las revisiones sistemáticas como la herramienta por excelencia de la Medicina basada en la Evidencia. Y bueno, quizá no fue la idea original del muy recordado y nombrado Archie, pero lo cierto es que alguien decidió que los elementos clave de este tipo de análisis habrían de ser los Ensayos Clínicos Aleatorizados (ECA).

Lo que sucedió es que, en algún momento durante la última década de los noventa, tanto por la consolidación del dogma de la MBE, como por la validación que encontró la industria farmacéutica en los ECA para posicionar en los mercados sus productos más novedosos como "los más efectivos comparados con", se generó un sesgo cultural en relación con calificar este tipo de estudios como los de mayor calidad. Y lo repetimos hasta creérnoslo. De hecho, revisando muchos artículos sobre MBE, guías, manuales de elaboración de protocolos, etc., se evidencia que en los cuadros o resúmenes en los que se asigna peso a los diferentes tipos de estudio frente al nivel de evidencia o recomendación, los que mejor puntúan -después de las revisiones sistemáticas o los metaanálisis- son los ensayos clínicos aleatorizados, como en los sistemas SIGN (Systems to Rate the Strength of Scientific Evidence. Summary, Evidence Report/Technology Assessment: Number 47. AHRQ Publication No. 02-E015, March 2002. Agency for Healthcare Research and Quality, Rockville, MD. Disponible en:http://www.ahrq.gov/clinic/epcsums/strengthsum.html) o GRADE (Balshem H, Helfand M, Schunemann HJ, Oxman AD, Kunz R, Brozek J, Vist GE, Falck-Ytter Y, Meerpohl J, Norris S, Guyatt GH. GRADE guidelines 3: rating the quality of evidence-introduction. J Clin Epidemiol. 2011), así, sin más, sin asteriscos, notas de pie o advertencias del tipo "dependiendo de lo que usted busque demostrar...". 

Dejando de lado, de manera poco prudente por cierto, las limitaciones técnicas en el diseño o la ejecución de un ECA, la inconsistencia de resultados a través de los diferentes estudios sobre el mismo tema (dependiendo el grupo investigador y, por supuesto, la fuente de financiación), los sesgos de publicación, y el aspecto ÉTICO que conlleva de dejar de beneficiar de manera consciente -enmascarada, pero consciente- a un grupo en favor de suministrar lo que puede ser fuente de cura o mejoría frente a un placebo, lo cierto es que los ECA no funcionan para todo. La vida es el laboratorio de pruebas de la naturaleza, el campo del trabajo de campo de Dios (perdón por la redundancia), de modo que para muchas preguntas de investigación -la mayoría, quizá?- algún otro tipo de estudio, bien formulado desde la pregunta hasta el análisis multivariado de los hallazgos y una correcta interpretación de los resultados, seguramente puede resultar más útil y requerir de menos tiempo y recursos financieros. Un ECA que concluye "harán falta más estudios", o "habría que validar nuevos resultados", después de haber gastado un montón de tiempo y de dinero, a mí me parece simplemente frustrante (al menos como lector, para los investigadores debería ser fuente de reflexión y ulterior deserción laboral :D): para plantear hipótesis y definir preliminarmente asociaciones, habría podido echarse mano, mejor, de diseños como casos y controles o cohortes. 

Considero que la elección del tipo de estudio es un factor fundamental en la calidad de las conclusiones. Una cosa son resultados, otra análisis y una muy diferente conclusiones. Aunque menospreciadas en los instructivos tipo "como hacer un estudio epidemiológico para dummies", de los que tanto se encuentran en páginas como Fisterra o las de los ministerios de salud de los países latinoamericanos, quizá por parecer "subjetivas", que por supuesto no lo son, las conclusiones resultan ser el epítome del nuevo conocimiento que pretenden generar los estudios. Por ejemplo, hacer un ECA para comparar la intervención quirúrgica de una patología (no letal) contra el manejo conservador y darse cuenta, cuatro o cinco años después, de que los índices QOL no presentan cambios y hubiera sido mejor no "gastar esa platica", o peor, que los instrumentos puntúen mucho más bajo por complicaciones de los posoperatorios tempranos, medianos y tardíos y que la conclusión sea del tipo "ooops, mejor no los hubiéramos operado", frente a hacer un estudio bien hecho de casos y controles o de cohortes, no parece tener sentido, a pesar de que, de todas formas, se trate de comparar intervenciones. Que si la p, que si el sesgo, que si la selección... un ECA tiene muchas ventajas metodológicas en este sentido, por ser -al menos en principio- más riguroso en términos del método científico. Sin embargo, si se plantea el tipo de diseño en términos de la pregunta de investigación, y se escoge de manera consciente, y se respalda esa elección con respeto al método, al rigor, al cuidado en el detalle, al control del sesgo, seguramente se pueden obtener mucho mejores conclusiones, más rápido y a un menor costo, enfocado todo ello por supuesto a poder EMPEZAR A APLICAR LO APRENDIDO LO ANTES POSIBLE!.

Hoy en día existe muchísima documentación pormenorizada sobre las ventajas y desventajas de cada tipo de estudio, así como de su utilidad principal, generalmente resumida en tablas y gráficas muy útiles. Orientar la elección tras la elaboración concienzuda de la pregunta de investigación, ayudándose -por qué no- de estas tablitas, y no las de calidad graduada según se acerque o no más el estudio a un ECA, puede hacer una diferencia en la calidad de la respuesta a esta pregunta, más aplicable, más aterrizada en el contexto. Creo firmemente en que resulta preferible un estudio de casos y controles bien hecho, que un ECA realizado de forma torpe, descuidada o -algo que temo cada día más frecuente- sesgada según el patrocinio de la industria o los intereses de los grupo de investigación.

Para finalizar, y terminar de dar forma a esta reflexión, quisiera preguntar: Será que escribimos para que nos publiquen? Será posible que la intención del investigador se haya deformado, y no sea tan importante la respuesta a la pregunta, sino lo llamativo y lo "epidemiológicamente acertado" que puedan resultar sus estudios, en términos de ser referencia por el elevado nivel de evidencia que representa un ECA frente al "discreto" lugar dado en SIGN, GRADE y otras iniciativas similares a los estudios observacionales? Temo que la respuesta sea sí. En este sentido, debería prestarse mucha atención -dentro de los aspectos metodológicos de un estudio "de calidad superior"- a un nuevo tipo de problema: el sesgo de querer ser publicado, de querer ser llamado por la industria para "demostrar cosas", de querer convertirse en referencia, en recurso infaltable de la recomendación...en pocas palabras, en elevarse al curubito de la MBE!!!. A eso, podríamos llamarle, sin falta de respeto, pero tampoco de pudor, el sesgo "Cochrane".

lunes, 6 de octubre de 2014

Sobre las Revisiones Sistemáticas y los metaanálisis: Una historia de peras y manzanas...

Las revisiones sistemáticas corresponden a una estrategia que se considera fundamental para la Medicina Basada en la Evidencia, pues –al menos en la teoría- permiten tener acceso de manera organizada y metódica a una cantidad de información importante, obtenida a partir de estudios individuales “bien” elaborados (lo que permitiría inferir su calidad) y relevantes sobre un determinado tema para dar respuesta a las preguntas de investigación sobre este, con base en la síntesis de un efecto estimado -estadísticamente plausible-.

Sin embargo, cuanto más tiende una respuesta hacia lo absoluto, más puede alejarse de la realidad. Las revisiones sistemáticas, y en especial los metaanálisis –con el valor agregado del número y la estadística sobre las primeras- constituyen, en no pocas ocasiones, un elemento dogmático dentro de la construcción de un nuevo paradigma de infalibilidad, de respuestas “definitivas”. Cabe anotar que no es éste justamente el espíritu de esta metodología -aunque muy fiable, una más-, pero su enseñanza masiva y la defensa a ultranza de sus principios por parte de muchos que la han acogido de manera doctrinal, podrían alejarnos de la duda sana y del cuestionamiento que permite la falsabilidad (contrastar una teoría intentando refutarla mediante un contraejemplo, http://es.wikipedia.org/wiki/Falsacionismo) de esta herramienta dentro de la epistemología del método científico.

Durante las últimas dos décadas, de forma paralela a la masificación de la MBE y de las revisiones sistemáticas, incluyendo los metaanálisis, como su baluarte, se han hecho aproximaciones críticas que deben ser cuando menos conocidas, si no objeto de reflexión, de los educandos dentro del campo de la epidemiología. En este sentido, me permito recomendar los dos escritos que referencio a continuación, pues ilustran las dos posiciones encontradas de quienes han optado por los extremos respecto de este paradigma.

De acuerdo con Feinstein, profesor de estadística y epidemiología de Yale, en su muy aplaudido, tanto como cuestionado ensayo “Meta-analysis: Statistical Alchemy for The 21st Century”, las revisiones sistemáticas, especialmente los metaanálisis, tienen el “encanto” particular, de dar “significancia”, y por ende validez externa, a estudios que previamente no habían resultado concluyentes o válidos, en relación con el tamaño insuficiente de las muestras. De igual manera, un valor agregado resulta la posibilidad de resolver hipótesis inconclusas, o incluso formular algunas que no hubiesen sido evaluadas previamente. Sin embargo, tales ventajas podrían terminar siendo en realidad aspectos negativos, en los mismos términos, al permitir evadir los requisitos de precisión y reproducibilidad que la metodología rigurosa –o no- de los grupos más pequeños en los estudios originales. Por esta razón, Feinstein consideró que los metaanálisis pueden plantearse como un ejercicio de “alquimia”, al permitir sacar, de nada, algo.

Uno de los cuestionamientos principales tiene que ver con la metodología, que por su enfoque riguroso respecto de los criterios para evitar los sesgos de las publicaciones originales, puede terminar dando a la revisión una orientación a la disponibilidad más que a la calidad de la información per se. Igualmente, se ha planteado la posibilidad de que el procedimiento de selección valore los estudios según su calidad, pero la disparidad de las poblaciones estudiadas y la minucia estadística que las hace diferentes, no sea tenida en cuenta a la hora de establecer comparaciones. De ese análisis se adoptó del lenguaje popular una expresión que ha dado mucho de qué hablar en el contexto de la MBE: “revolver peras con manzanas”…

Este aspecto del problema, ha llevado a plantear que el rol de las revisiones sistemáticas y los metaanálisis, como herramientas básicas de la MBE debe ser repensado en favor del ejercicio clínico particular frente a la diversidad de poblaciones. El promedio de promedios –como plantean los detractores de esta metodología que es el resumen de su formulación en términos estadísticos- puede ser útil a gran escala, como fuente de información para las farmacéuticas o para la formulación de políticas de salud pública, pero puede quedarse corto a la hora de responder preguntas clínicas en escenarios reales, tal cual se supone el ejercicio de la MBE en la práctica médica individual. Igualmente, salvo que se trate de revisiones sistemáticas o metaanálisis orientados puntualmente a aspectos como los síntomas o la calidad de vida, generalmente este tipo de aspectos suelen ser descartados de los resultados de los estudios pequeños a la hora de ser integrados, frente a aquellos más llamativos, como la sobrevida.

Sin desconocer las virtudes de las revisiones sistemáticas y los metaanálisis para la MBE, considero que resulta, no solo necesario sino valioso, reflexionar sobre algunos aspectos que han planteado sus detractores, bien para admitir una crítica sana,  como para profundizar en los aspectos metodológicos que permitan sortear tales obstáculos:
1. Es posible que las clasificaciones en las que se han categorizado los pacientes para el metaanálisis, por ejemplo por la localización anatómica de un tumor, puedan resultar demasiado gruesas para mis pacientes?
2. El análisis de los aspectos relevantes del estudio es multivariado, de forma que se alimente a partir de este una validación multifactorial de los resultados?
3. La variedad de validaciones estadísticas y de exposiciones de los resultados, permite que la información  resulte útil y aplicable a la hora de aterrizar estos en mis pacientes? Quién quiere 1,5 años más de sobrevida con un melanoma  maligno metastásico y sintomático (como ofrecen los metaanálisis con nilotinib)? Quién quiere ser “uno” de los 100 pacientes a tratar para un NNT?
4. Subestimar las diferencias estadísticas entre las poblaciones de los estudios utilizados para un metaanálisis puede producir una falsa ilusión para una mayoría, podría la generalización no resultar satisfactoria cuando las muestras son heterogéneas?
5. Tendrá una implicación negativa en el “apetito” de los investigadores, tener respuestas “definitivas” a expensas de metananálisis sobre temas controversiales?
6. Estaremos revolviendo estudios “buenos” con estudios “malos” solo porque los números lo hacen posible? Cómo podemos evitarlo si la orientación de “calidad” se define en términos de lo metodológico?
7. Es posible que esta avalancha de “evidencia” genere un sesgo a la hora de socializar precozmente la información que paulatinamente va poniéndose al servicio de la ciencia?
8. Somos conscientes de que la combinación de estudios no es mejor que un ensayo clínico igual de grande?
Considero que aprender sobre MBE a la luz de estos, y muchos otros interrogantes que pudieran plantearse, genera un valor agregado para los futuros investigadores y epidemiólogos.


REFERENCIAS

Feinstein A. META-ANALYSIS: STATISTICAL ALCHEMY FOR THE 21ST CENTURY. J Clin Epidemiol. UK, 1995 Jan; 48(1):71-9.

Moayyedi P. Meta-analysis: Can we mix apples and oranges? Am J Gastroenterol. Boston, 2004 Dec; 99(12):2297-301.

sábado, 30 de agosto de 2014

Sobre el "misterio" de las niñas de Carmen de Bolívar y la vacunación contra el VPH...

La vacunación ha sido una de las mejores estrategias de salud pública en la historia de la humanidad. Me parece inverosímil la campaña que se hace en contra de la vacuna contra el VPH, SIN PRUEBAS, frente a las alarmantes cifras de cáncer de cuello uterino en nuestro país, y como le han hecho juego al tema los medios de información, e incluso algunos colegas. Desinformación, sesgo, inquina, teorías de conspiración...hasta para atacar a Santos ha servido el tema (bueno, también es que ese señor no deja de dar papaya...), sin que hasta ahora exista evidencia clínica o de laboratorio de una mínima relación entre la condición de estas niñas de Carmen de Bolívar y el antecedente vacunal, más alla de la asociación temporal. Aunque no es de mis afectos, las explicaciones sugeridas por el ministro Gaviria me parecen plausibles (no que generen aplausos, sino que se puedan entender dentro de modelos de causalidad), y les confieso, a riesgo de parecer inhumano, insensible o -simplemente- hideputa, que la primera palabra que se me vino a la cabeza cuando conocí la noticia fue "histeria"...

Algunos enlaces de interés:
http://www.semana.com//vida-moderna/articulo/senalan-la-vacuna-del-pvh-de-causar-sintomas-en-ninas-de-bolivar/400889-3?hq_e=el&hq_m=539401&hq_l=19&hq_v=79dd54ffdc
http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/salud/ninas-enfermas-en-bolivar-tras-vacunas-del-vph/14453723
http://www.vanguardia.com/actualidad/colombia/276081-expertos-dan-parte-de-tranquilidad-a-pacientes-del-carmen-de-bolivar
https://www.minsalud.gov.co/Paginas/Vacuna-contra-VPH-no-tiene-relaci%C3%B3n-con-casos-de-ni%C3%B1as-de-Carmen-de-Bol%C3%ADvar.aspx
http://link.springer.com/article/10.2165%2F00002018-200326090-00001

lunes, 25 de agosto de 2014

MODELO DE PROTOCOLO DE NOTIFICACIÓN: INFECCIÓN DE PRÓTESIS ARTICULARES

Hola, he aquí una nueva entrada, en esta ocasión alimentada por mi más reciente reto académico. Les invito a seguir el enlace:
https://onedrive.live.com/view.aspx?cid=FBF563B4A79A520B&resid=FBF563B4A79A520B%21593&app=Word

Cabe anotar que el Instituto Nacional de Salud nos presenta un protocolo de ENOS sobre INFECCIONES ASOCIADAS A DISPOSITIVOS. Bueno, pues mi propuesta es un tema nuevo, completamente diferente a lo ya presentado por el INS, que tiene que ver más con catéteres y otros chismes de esos que usamos los médicos para atormentar a nuestros pacientes ;)

Agradezco sus comentarios y retroalimentaciones en la sección correspondiente, no sobre el documento original.

Abrazos,

LOMBARDO

viernes, 15 de agosto de 2014

A PROPÓSITO DEL MANEJO DE LA INFORMACIÓN EN SALUD EN LA WEB 2.0

Triste aun por la noticia del deceso -relativamente prematuro- del actor norteamericano Robin Williams, acudí esta mañana a los buscadores para ver que encontraba respecto de los resultados de su necropsia, que se había anunciado para el pasado miércoles.

Una de las entradas que más llamó mi atención fue esta: "Revelada la causa del suicidio de Robin Williams (por exámenes en el cerebro)", tanto por las presumibles revelaciones desde la perspectiva forense, tema que me apasiona, como porque la nota, ubicada en un diario virtual de Miami, Fl. (USA), esta escrita por un médico, el Dr. Salomon Jakubowicz.

Como médico, epidemiólogo y escritor aficionado, siento la necesidad de expresarme sobre el tema, y decir que me siento -cuando menos- indignado por esta publicación. Creo que motivos sobran, y quiero compartir mi desazón con quien a bien tenga leerlos:
1. Hacer señalamientos sobre presuntas desventajas del vegetarianismo es impreciso, irresponsable y tendencioso, pues a la fecha no hay literatura con evidencia suficiente para poder hacer este tipo de afirmaciones de manera taxativa. El sesgo del endocrinólogo venezolano tiene que ver con la promoción que trata de dar a través de todo medio posible (en Google aparecen casi 65.000 entradas con su nombre) al "sistema" de nutrición que promulga en su libro "Ni una dieta más".
2. No existe justificación para usar una muerte como herramienta de adoctrinamiento, menos en el ámbito de la salud. Que lamentable un mundo en el que utilizamos una experiencia ajena, dolorosa, en todo caso privada y digna de todo respeto, para vender información, así fuera exacta. Que lamentable que lo haga un MÉDICO, solo para vender libros.
3. El titular escogido para la nota debería ser una vergüenza, tanto para el autor como para los editores. En primer lugar porque -si bien se ha socializado de forma oficial que la necropsia sí ha podido definir la causa (asfixia mecánica) y la manera de muerte (violenta-suicidio)-, hasta el momento no se han revelado detalles respecto de temas toxicológicos u otros aspectos que el examen del cadáver hubiere podido aclarar. En segundo, porque los exámenes realizados en la necropsia seguramente podrán revelar detalles de la anatomía cerebral del Sr. Williams, y seguramente sugerir, más no probar sin lugar a dudas, los cambios al nivel bioquímico o fisiológico que sugiere el nombre del artículo y su introducción. Quizá si el autor de este desafortunado artículo no fuera un colega, podría entenderse, pero no de un médico especialista e 'investigador reputado'.
4. Hubiera podido hacerse un ejercicio mucho más acertado, o al menos responsable, a través de una nota con un título y un enfoque como "A propósito de la muerte de Robin Williams: aspectos nutricionales de la depresión", o algo semejante. Esto demuestra que los medios solo quieren vender, no informar: es más importante el número de veces que una noticia se 'abra' (por supuesto! los contadores de visitas definen el valor de la pauta publicitaria), que lo fidedigna que resulte la información suministrada a los lectores.
5. Me parece un absoluto despropósito el comentario final, que a modo de conclusión dispone el buen doctor: "estoy seguro que no se hubiese suicidado si su médico lo hubiese ayudado a tiempo". No solo es desafortunado, como todo lo que pretende ser absoluto, sino que raya en la falta de ética y la difamación, es prácticamente una acusación de negligencia. Aunque tuviera la razón más allá de toda duda, cosa difícil en Medicina, está muy mal que se cuestione frente a la opinión pública el ejercicio clínico de un colega demeritando un quehacer del que se desconocen sus detalles. Sabe el Dr. Jakubowickz que estudios o tratamiento habían hecho los tratantes del actor en relación con su condición mental? Tiene la certeza de que no hubo oportunidad en éstos? Me parece que no hay cabida en estas situaciones para este tipo de cuestionamientos con el objetivo de la autopromoción, es casi como decir "yo sí le hubiera salvado la vida", menospreciando lo hecho por el equipo de salud tratante.

Ya para terminar, aclaro que no tengo interés doctrinal o comercial sobre el particular tratado.  NO SOY VEGETARIANO. Tampoco había leído antes otro escrito de este prominente investigador, ni vendo libros que compitan con el suyo. Simplemente, desde la razón del médico, tanto como desde el corazón del escritor, no logro entender como es posible como tenga cabida este tipo de imprudencia en medios como Huffington Post, Univisión (USA), El Universal (Mex.), El Tiempo (Col.), Diario de Caracas (Ven.). No se puede ser un referente de CIENCIA sin argumentos apoyados en hechos concretos que trasciendan la opinión y el juicio propios o el apasionamiento por una causa.

martes, 29 de julio de 2014

ALERTA EPIDEMIOLÓGICA EN ÁFRICA OCCIDENTAL POR EPIDEMIA DE ENFERMEDAD POR VIRUS DEL ÉBOLA

Un nuevo brote de enfermedad por virus del Ébola, el más grande del que se tenga cuenta en la historia (hasta ahora el mayor había sido en 2000, en Uganda, con 425 casos reportados y 224 muertos), azota varios países de África occidental: Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria. Al día de hoy se reportan ya más de 1200 casos de la enfermedad, así como el fallecimiento de al menos 672 personas, la mayor parte de ellos en Guinea (donde comenzó el brote en febrero del presente año), incluyendo 15 miembros del equipo sanitario de Médicos Sin Fronteras.
El virus del Ébola causa en el ser humano la enfermedad homónima, que se caracteriza por la presencia de varios síntomas y signos inespecíficos (fiebre alta, dolor generalizado, vómito, diarrea), además de alteraciones paraclínicas (disminución de plaquetas y leucocitos, alteraciones de las enzimas hepáticas) y hemorragias severas, que se asocian con una letalidad que puede ser tan grande como 90% de los infectados. Hasta ahora, los brotes de la enfermedad por virus del Ébola se han producido principalmente en aldeas de África Central y Occidental, en donde el virus es adquirido por la población humana a partir de la manipulación inadecuada de cadáveres o excrementos de animales salvajes, toda vez que sus huéspedes naturales son murciélagos, pero también se han documentado casos relacionados con el contacto con gorilas, chimpancés, antílopes, puerco-espines y cerdos. La transmisión de persona a persona se produce por el contacto con órganos, secreciones, sangre y otros líquidos corporales de pacientes infectados.
El virus, identificado por primera vez en pacientes de dos brotes simultáneos en el Congo y Sudán en 1976, no tiene tratamiento específico ni vacuna, y es especialmente virulento en niños, embarazadas, personas con trastornos médicos subyacentes e inmunosuprimidos, razón por la que cobra una superlativa importancia en poblaciones con problemas de desnutrición, como las de las regiones subsaharianas, en donde adicionalmente existen severos problemas de saneamiento básico.
Este aspecto social de la enfermedad, ha resultado particularmente importante en esta reciente epidemia, en el que –además del problema de salud pública- se ha presentado descontento entre la población, que ha producido disturbios contra el personal y las instituciones sanitarias, a quienes se responsabiliza de un presunto mal manejo dado al brote, que sería el causante de la expansión de la epidemia. Estos aciagos episodios han acontecido tanto en Guinea como  Liberia, y en Sierra Leona incluso han derivado en el apedreamiento de hospitales, médicos y enfermeras. Y es que, además de que se trata de naciones con conflictos internos de importancia, el miedo a lo que parece ser la incontrolable transmisión del virus y la altísima mortalidad presentada, a pesar de las medidas de cuarentena y cierre de fronteras establecidas, ha caldeado los ánimos. En la megápolis de Lagos, Nigeria, donde recientemente falleció el primer paciente, quien venía proveniente de Liberia, se preparan contra la amenaza que representa la posibilidad de contagio en una ciudad de 14 millones de habitantes, que en buena medida viven en el hacinamiento y la pobreza.

La OMS ha hecho hincapié en la prevención de la transmisión. Sin embargo, los factores sociales antes mencionados, tanto como aspectos culturales –dentro de los que se incluyen los ritos funerarios de los pobladores de las regiones afectadas, en los que se tiene contacto estrecho con los cadáveres de las víctimas del contagio- hacen aun más difícil el control de la epidemia.

Enlaces de interés:
http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs103/es/
http://es.wikipedia.org/wiki/Brote_de_%C3%89bola_en_%C3%81frica_Occidental_de_2014
http://www.eltiempo.com/mundo/africa/epidemia-de-bola-se-cobra-mas-victimas/14318516
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/28/actualidad/1406570473_771666.html
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/27/actualidad/1406478244_002746.html

Un pensamiento cortito...

-"No sabes nada, John Snow..."
-"Pero si yo describí la infección por cólera de Londres!"

Así como cuando estás en clase de Vigilancia Epidemiológica y tu cabeza divaga por Westeros...

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL SISTEMA DE SALUD EN COLOMBIA

Un cordial saludo para todos aquellos que entren a este blog. Lo empiezo como un ejercicio personal y académico, pero tengo la expectativa de enriquecer mi quehacer, tanto desde lo literario como desde lo médico, con sus comentarios. Abro así las puertas para los debates, sanos espero, que puedan darse; lo importante es compartir y construir entre todos.
Lo primero que quiero "postear" es un escrito que hice para la postulación a una maestría hace algunos meses, en el contexto de una posible reforma a la Salud que se tramitaba en el Congreso de la República...

Hasta 1993 los servicios de salud en Colombia se prestaron mediante un modelo que contemplaba 4 escenarios:  el cuidado –paternalista- del Estado a quienes no podían pagar su atención, el aseguramiento de los trabajadores (mediante el Instituto del Seguro Social-ISS), el amparo de regímenes especiales (maestros, fuerzas militares, sector comunicaciones), y la contratación particular de pólizas (medicina prepagada).  Dadas las altas tasas de desempleo e informalidad, la cobertura de los 3 últimos difícilmente alcanzaba 15% de la población, y la falta de gestión efectiva por parte del gobierno, manchada de malversación, jamás logró metas siquiera razonables para el primero.
Ese año, se promulgó la Ley 100, un intento de reformar el sistema de salud y seguridad social  mediante mecanismos construidos a partir de principios como solidaridad, equidad y universalidad. La población general, sin perjuicio de lo establecido para militares y prepagadas, fue distribuida –según su potencial de pago- en dos nuevos regímenes: contributivo (financiado con aportes de empleados y empleadores) y subsidiado (apoyado en recursos fiscales y parte de los del contributivo). Los servicios amparados para ambos regímenes (Planes Obligatorios de Salud-POS) fueron establecidos en sendos manuales, y el aseguramiento se tercerizó en entidades privadas (Empresas Promotoras de Salud-EPS), que –además de afiliar la población, recoger y distribuir los recursos- deberían contratar redes para prestar los servicios POS, entre centros públicos y particulares de práctica médica (Instituciones Prestadoras de Salud-IPS). Este modelo fue “importado” de países en los que parecía exitoso (p.ej. Reino Unido, Chile) pero no se tuvo en cuenta que subempleo y evasión, además de males propios de la intermediación- lo harían inviable a largo plazo.
Hoy, el sistema nuevamente hace aguas. El Gobierno debe aproximadamente USD2.500.000.000 a las EPS, por concepto de servicios no cubiertos (algunos prestados, otros no!), pasivos que aducen éstas para adeudar a las IPS alrededor de USD1.500.000.000, quienes a su vez aparecen ilíquidos frente a sus acreedores (personal sanitario y proveedores). Como los prestadores más afectados son las IPS públicas, únicas distribuidas por todo el territorio nacional, la mano de obra calificada se concentró en las capitales, para favorecer su práctica en IPS privadas, con mejores pagos y más estables. Por ello, gran parte de la población, aunque asegurada –este  sistema acercó la cobertura a 90%-, no recibe oportunamente los servicios que necesita, elevando los costos de atención, pues el recurso que serviría para actividades de promoción de salud y prevención de enfermedad para muchos, se usa para pagar cirugías costosísimas para pocos. Galenos ambiciosos de dádivas prescriben servicios no sanitarios (pañales, jabones, anti-solares) u onerosos (última tecnología), EPS malversan recursos (construcción de condominios de lujo, viajes de placer para directivos), IPS encarecen sus servicios, farmacéuticas con amplísimos márgenes, pocos médicos especialistas por la pobre oferta educativa pública versus las altas tarifas privadas…
Recientemente, se tramitó una ley para modificar nuevamente el sistema, más fue rechazada por el gremio médico, pues perpetúa problemas actuales mientras revive otros, pero tampoco existe una contrapropuesta razonable. Necesitamos encontrar estrategias de negociación y conciliar posiciones, no solo por la gente: urge no matar la gallina de los huevos dorados: reducir beneficios, para no perderlos. Mezquinos, olvidamos la ética, la teoría de juegos, el ganar-ganar, los pisos tarifarios y otras opciones, a pesar de que quienes dirigen los intereses en salud en Colombia son economistas e ingenieros, pues los médicos no aprendimos a hacer cuentas, al menos no bien hechas.