martes, 29 de julio de 2014

ALERTA EPIDEMIOLÓGICA EN ÁFRICA OCCIDENTAL POR EPIDEMIA DE ENFERMEDAD POR VIRUS DEL ÉBOLA

Un nuevo brote de enfermedad por virus del Ébola, el más grande del que se tenga cuenta en la historia (hasta ahora el mayor había sido en 2000, en Uganda, con 425 casos reportados y 224 muertos), azota varios países de África occidental: Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria. Al día de hoy se reportan ya más de 1200 casos de la enfermedad, así como el fallecimiento de al menos 672 personas, la mayor parte de ellos en Guinea (donde comenzó el brote en febrero del presente año), incluyendo 15 miembros del equipo sanitario de Médicos Sin Fronteras.
El virus del Ébola causa en el ser humano la enfermedad homónima, que se caracteriza por la presencia de varios síntomas y signos inespecíficos (fiebre alta, dolor generalizado, vómito, diarrea), además de alteraciones paraclínicas (disminución de plaquetas y leucocitos, alteraciones de las enzimas hepáticas) y hemorragias severas, que se asocian con una letalidad que puede ser tan grande como 90% de los infectados. Hasta ahora, los brotes de la enfermedad por virus del Ébola se han producido principalmente en aldeas de África Central y Occidental, en donde el virus es adquirido por la población humana a partir de la manipulación inadecuada de cadáveres o excrementos de animales salvajes, toda vez que sus huéspedes naturales son murciélagos, pero también se han documentado casos relacionados con el contacto con gorilas, chimpancés, antílopes, puerco-espines y cerdos. La transmisión de persona a persona se produce por el contacto con órganos, secreciones, sangre y otros líquidos corporales de pacientes infectados.
El virus, identificado por primera vez en pacientes de dos brotes simultáneos en el Congo y Sudán en 1976, no tiene tratamiento específico ni vacuna, y es especialmente virulento en niños, embarazadas, personas con trastornos médicos subyacentes e inmunosuprimidos, razón por la que cobra una superlativa importancia en poblaciones con problemas de desnutrición, como las de las regiones subsaharianas, en donde adicionalmente existen severos problemas de saneamiento básico.
Este aspecto social de la enfermedad, ha resultado particularmente importante en esta reciente epidemia, en el que –además del problema de salud pública- se ha presentado descontento entre la población, que ha producido disturbios contra el personal y las instituciones sanitarias, a quienes se responsabiliza de un presunto mal manejo dado al brote, que sería el causante de la expansión de la epidemia. Estos aciagos episodios han acontecido tanto en Guinea como  Liberia, y en Sierra Leona incluso han derivado en el apedreamiento de hospitales, médicos y enfermeras. Y es que, además de que se trata de naciones con conflictos internos de importancia, el miedo a lo que parece ser la incontrolable transmisión del virus y la altísima mortalidad presentada, a pesar de las medidas de cuarentena y cierre de fronteras establecidas, ha caldeado los ánimos. En la megápolis de Lagos, Nigeria, donde recientemente falleció el primer paciente, quien venía proveniente de Liberia, se preparan contra la amenaza que representa la posibilidad de contagio en una ciudad de 14 millones de habitantes, que en buena medida viven en el hacinamiento y la pobreza.

La OMS ha hecho hincapié en la prevención de la transmisión. Sin embargo, los factores sociales antes mencionados, tanto como aspectos culturales –dentro de los que se incluyen los ritos funerarios de los pobladores de las regiones afectadas, en los que se tiene contacto estrecho con los cadáveres de las víctimas del contagio- hacen aun más difícil el control de la epidemia.

Enlaces de interés:
http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs103/es/
http://es.wikipedia.org/wiki/Brote_de_%C3%89bola_en_%C3%81frica_Occidental_de_2014
http://www.eltiempo.com/mundo/africa/epidemia-de-bola-se-cobra-mas-victimas/14318516
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/28/actualidad/1406570473_771666.html
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/27/actualidad/1406478244_002746.html

Un pensamiento cortito...

-"No sabes nada, John Snow..."
-"Pero si yo describí la infección por cólera de Londres!"

Así como cuando estás en clase de Vigilancia Epidemiológica y tu cabeza divaga por Westeros...

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL SISTEMA DE SALUD EN COLOMBIA

Un cordial saludo para todos aquellos que entren a este blog. Lo empiezo como un ejercicio personal y académico, pero tengo la expectativa de enriquecer mi quehacer, tanto desde lo literario como desde lo médico, con sus comentarios. Abro así las puertas para los debates, sanos espero, que puedan darse; lo importante es compartir y construir entre todos.
Lo primero que quiero "postear" es un escrito que hice para la postulación a una maestría hace algunos meses, en el contexto de una posible reforma a la Salud que se tramitaba en el Congreso de la República...

Hasta 1993 los servicios de salud en Colombia se prestaron mediante un modelo que contemplaba 4 escenarios:  el cuidado –paternalista- del Estado a quienes no podían pagar su atención, el aseguramiento de los trabajadores (mediante el Instituto del Seguro Social-ISS), el amparo de regímenes especiales (maestros, fuerzas militares, sector comunicaciones), y la contratación particular de pólizas (medicina prepagada).  Dadas las altas tasas de desempleo e informalidad, la cobertura de los 3 últimos difícilmente alcanzaba 15% de la población, y la falta de gestión efectiva por parte del gobierno, manchada de malversación, jamás logró metas siquiera razonables para el primero.
Ese año, se promulgó la Ley 100, un intento de reformar el sistema de salud y seguridad social  mediante mecanismos construidos a partir de principios como solidaridad, equidad y universalidad. La población general, sin perjuicio de lo establecido para militares y prepagadas, fue distribuida –según su potencial de pago- en dos nuevos regímenes: contributivo (financiado con aportes de empleados y empleadores) y subsidiado (apoyado en recursos fiscales y parte de los del contributivo). Los servicios amparados para ambos regímenes (Planes Obligatorios de Salud-POS) fueron establecidos en sendos manuales, y el aseguramiento se tercerizó en entidades privadas (Empresas Promotoras de Salud-EPS), que –además de afiliar la población, recoger y distribuir los recursos- deberían contratar redes para prestar los servicios POS, entre centros públicos y particulares de práctica médica (Instituciones Prestadoras de Salud-IPS). Este modelo fue “importado” de países en los que parecía exitoso (p.ej. Reino Unido, Chile) pero no se tuvo en cuenta que subempleo y evasión, además de males propios de la intermediación- lo harían inviable a largo plazo.
Hoy, el sistema nuevamente hace aguas. El Gobierno debe aproximadamente USD2.500.000.000 a las EPS, por concepto de servicios no cubiertos (algunos prestados, otros no!), pasivos que aducen éstas para adeudar a las IPS alrededor de USD1.500.000.000, quienes a su vez aparecen ilíquidos frente a sus acreedores (personal sanitario y proveedores). Como los prestadores más afectados son las IPS públicas, únicas distribuidas por todo el territorio nacional, la mano de obra calificada se concentró en las capitales, para favorecer su práctica en IPS privadas, con mejores pagos y más estables. Por ello, gran parte de la población, aunque asegurada –este  sistema acercó la cobertura a 90%-, no recibe oportunamente los servicios que necesita, elevando los costos de atención, pues el recurso que serviría para actividades de promoción de salud y prevención de enfermedad para muchos, se usa para pagar cirugías costosísimas para pocos. Galenos ambiciosos de dádivas prescriben servicios no sanitarios (pañales, jabones, anti-solares) u onerosos (última tecnología), EPS malversan recursos (construcción de condominios de lujo, viajes de placer para directivos), IPS encarecen sus servicios, farmacéuticas con amplísimos márgenes, pocos médicos especialistas por la pobre oferta educativa pública versus las altas tarifas privadas…
Recientemente, se tramitó una ley para modificar nuevamente el sistema, más fue rechazada por el gremio médico, pues perpetúa problemas actuales mientras revive otros, pero tampoco existe una contrapropuesta razonable. Necesitamos encontrar estrategias de negociación y conciliar posiciones, no solo por la gente: urge no matar la gallina de los huevos dorados: reducir beneficios, para no perderlos. Mezquinos, olvidamos la ética, la teoría de juegos, el ganar-ganar, los pisos tarifarios y otras opciones, a pesar de que quienes dirigen los intereses en salud en Colombia son economistas e ingenieros, pues los médicos no aprendimos a hacer cuentas, al menos no bien hechas.